Efectos de la Coca-Cola en tu cuerpo: El minuto a minuto

Lo primero es dejar claro que no estoy en una cruzada personal contra la Coca-Cola. De hecho, en alguna ocasión la tomo, sobre todo en viajes largos cuando conduzco y necesito combatir los efectos del sueño.

Tomada de vez en cuando no hace ningún daño grave. La clave, como en casi todo en la vida, es la moderación. Ya lo decía Platón: «Todo en su justa medida».

Sin embargo, las cifras asustan: cada hora se venden en España más de 1 millón de Coca-Colas. ¡Eso son 25 millones al día en nuestro país y 1.900 millones de latas diarias en todo el mundo!

He estado investigando y contrastando la inmensa cantidad de información que circula por la red para dejar constancia en este blog de cuáles son los efectos reales de la Coca-Cola en el cuerpo humano. Dicho lo cual, vamos a entrar en materia.

Vaso de refresco de cola con hielo junto a una pila de terrones de azúcar, ilustrando la cantidad de glucosa que contiene una lata.

La famosa investigación: ¿Qué pasa cuando te bebes una lata?

Autores y divulgadores como la Dra. Gloria Gilbert, el escritor Wade Meredith o el farmacéutico Niraj Naik, publicaron hace tiempo un estudio que se hizo viral sobre lo que ocurre en nuestro organismo al consumir esta bebida (un efecto que, según advierten, producen la mayoría de los refrescos azucarados con cafeína).

Según esta cronología, este es el viaje minuto a minuto de una lata de 330 ml en nuestro interior:

  • A los 10 minutos: Entran en tu cuerpo unas 10 cucharaditas de azúcar (una cantidad que supera de golpe los 25 gramos diarios máximos recomendados por la Organización Mundial de la Salud). Los autores sugieren que el ácido fosfórico que contiene la bebida enmascara este dulzor extremo para evitar que nuestro cuerpo lo rechace inmediatamente.
  • A los 20 minutos: Se produce un pico de azúcar en la sangre que provoca una explosión de insulina. Tu hígado responde a este bombardeo intentando convertir todo el exceso de azúcar en grasa.
  • A los 40 minutos: El cuerpo ha completado la absorción de la cafeína. Las pupilas se dilatan, se eleva la presión sanguínea y el hígado vierte aún más azúcar en el torrente sanguíneo. En el cerebro, los receptores de adenosina (la molécula que regula el sueño) se bloquean, evitando la somnolencia y manteniéndote alerta.
  • A los 45 minutos: Tu cuerpo aumenta la producción de dopamina, el neurotransmisor que estimula los centros de placer del cerebro. Es una respuesta biológica de recompensa muy potente ante el consumo elevado de azúcar.
  • A los 60 minutos: Las propiedades diuréticas de la cafeína se manifiestan y sientes la necesidad de ir al baño. A través de la orina, eliminas calcio, magnesio, zinc, sodio y agua; nutrientes que tu cuerpo podría haber aprovechado para hidratarte o fortalecer tus huesos.

Los efectos secundarios del abuso de refrescos

Más allá del viaje de una hora, el consumo habitual de este tipo de refrescos tiene consecuencias a largo plazo. Beberlos regularmente incentiva la producción de lípidos (grasas), fomenta el aumento de peso y eleva la presión arterial.

Un importante estudio realizado por la Universidad de Harvard a 43.000 hombres arrojó un dato revelador: beber tan solo una lata de gaseosa azucarada al día aumenta en un 20% el riesgo de padecer enfermedades cardíacas.

El «remedio de la abuela»: Los supuestos beneficios

Para ser justos, no todo es malo si miramos la sabiduría popular. Cuando era pequeño y estaba indispuesto o con ganas de vomitar, mi madre me daba un poco de Coca-Cola (muchas veces batida para quitarle el gas) y, la verdad, es que me «arreglaba el cuerpo» y me asentaba el estómago.

A día de hoy, muchos siguen usando un pequeño sorbo como remedio casero para ciertas molestias gástricas leves, demostrando que, usada como algo puntual y no como la base de nuestra hidratación diaria, tiene su lugar en nuestras vidas.

Si te gusta cuidarte pero no quieres renunciar a tus pequeños placeres, recuerda esta información la próxima vez que pidas un refresco.

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